Psicoterapia en la naturaleza

«Hablar de misterios! – Piensa en nuestra vida en la naturaleza (…) ¡Las rocas, los árboles, el viento en nuestras mejillas! ¡La tierra sólida! ¡El mundo real! ¡El sentido común! ¡Contacto! ¡Contacto!  ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos?»
– Henry D. Thoreau


Dado su escaso conocimiento a escala local, el planteamiento de un abordaje terapéutico en  ecopsicología en Madrid es tremendamente innovador y necesario. La ecopsicología  lleva ya tiempo consolidándose como disciplina en los Estados Unidos y en los países del norte de Europa.

Son varias las universidades norteamericanas y británicas que desarrollan excelentes programas académicos en ecopsicología: Prescott College (Arizona), Naropa University (Colorado), Bastyr University (Washington), California Institute of Integral Studies, National University (California) y Schumacher College (Devon, Reino Unido).

Este desconocimiento puede llevar a malos entendidos y comprensiones erróneas de lo que supone su práctica y desarrollo. Creo que es fundamental dotar a la ecopsicología de seriedad y rigurosidad teórica. La ecopsicología no se trata – como a veces se plantea irónicamente – de una práctica improvisada estilo new age que nos anima a abrazar árboles.

En líneas generales, la ecopsicología estudia la relación que nosotros, los seres humanos, establecemos con el mundo natural y los efectos emocionales y cognitivos que ello implica.

La premisa fundamental de la ecopsicología es: si bien la mente humana se desarrolla de acuerdo a las referencias del medio social y cultural de nuestra civilización, sus raíces más profundas se encuentran en nuestra condición de habitantes originales del medio natural (el afamadísimo biólogo norteamericano Edward O. Wilson habla de “biofilia” o el instinto humano a vincularse afectivamente con las especies vivas del mundo natural).

Diversas investigaciones (Whitten y cols. 2018; Rappe y Kivelä, 2005, Townsend 2006, etc.) demuestran que la exposición a espacios naturales tiene un efecto positivo en nuestra salud mental, desde la disminución de ese continuo y desagradable “dar vueltas en la cabeza a las preocupaciones” hasta cuadros depresivos agudos (en este sentido recomiendo el conmovedor libro “Nature Cure”, donde el escritor y naturalista británico Richard Mabey narra con emoción el papel que el contacto con la naturaleza tuvo en la superación de su propia depresión).

Por otra parte, el contacto con la naturaleza nos brinda la posibilidad de un fascinante despertar de nuestra percepción sensorial que, según la psicóloga Laura Sewall, se encuentra adormecida y entumecida en nuestra artificial vida de urbanitas.

Poco a poco, la naturaleza nos lleva a re-descubrir colores, sonidos, olores y texturas. La práctica de la ecopsicología se nutre de esta experiencia extraordinaria en favor de nuestra salud emocional.

En definitiva, la práctica de la ecopsicología nos invita a aproximarnos a la naturaleza, a hablarle y, sobre todo, a escucharla. Y ello nos proporciona una experiencia rara en estos tiempos de angustia por la productividad, las prisas y el “éxito”: mirar al mundo y mirarnos a nosotros mismos desde la armonía y un sereno equilibrio emocional.


¿Cómo es una sesión de psicoterapia en la naturaleza?

Una sesión de psicoterapia clásica tiene por objetivo ayudarte a identificar, comprender y resolver las emociones y/o comportamientos que te limitan la vida. Una sesión de psicoterapia en la naturaleza tiene exactamente el mismo objetivo.

Pero a diferencia de una psicoterapia clásica, que transcurre entre las paredes de una consulta, proponemos trasladar la experiencia a un entorno natural agradable, relajante y que facilita la conexión emocional contigo mismo.

De este modo, abordaremos y resolveremos tus dificultades emocionales a lo largo de un paseo tranquilo y pausado de 50 minutos, acompañados de los sonidos, colores y texturas que la naturaleza pone a nuestra disposición.

Con todo ello, además de los efectos terapéuticos de la psicoterapia en sí misma, contamos con los beneficios que el contacto con la naturaleza otorga: reducción de la ansiedad, de pensamientos obsesivos, y de emociones depresivas (mientras que, a la vez, se potencian emociones positivas y procesos de memoria, atención y concentración). Estos efectos positivos que el contacto con la naturaleza tiene sobre la salud han sido científicamente corroborados (ver Bratman 2015).


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