NATURALEZA: «NUEVA» MEDICINA CONTRA EL TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN

La vida moderna nos acelera. No está permitido parar, caminar con calma, mirar con detenimiento. Vivimos bajo un bombardeo constante de estímulos. Nuestros smartphones – inseparables compañeros – no paran de notificarnos la recepción de nuevos mensajes de Whattsapp, o el nuevo like que hemos tenido en Instagram o Facebook .

La ciudad nos envuelve con su ruido incesante, con sus anuncios publicitarios, con sus coches y motos que debemos esquivar.  En este contexto, no es curioso que el trastorno por déficit de atención (TDA) campe a sus anchas. ¿Cómo es posible prestar atención a esta avalancha de estímulos que nos aplasta? Nuestra atención vaga, perdida y desorbitada, de un sitio a otro, sin saber dónde quedarse fija, quieta.

«Medicina» para el TDA en Sant Cugat: la naturaleza de Collserola

Sin embargo, existen alternativas: al lado de Sant Cugat y Barcelona  está el Parc Natural de Collserola con más de 8.000 hectáreas de verdor, exhuberancia vital y silencio. Ante el bombardeo de estímulos de la vida moderna busquemos una medicina eficaz: una buena dosis de naturaleza.  La tenemos a la vuelta de la esquina.

Un estudio de la Universidad de Illinois – que hemos traducido y adaptado del inglés desde The New York Times – aporta evidencia empírica de algo que intuitivamente podíamos imaginar: el contacto con la naturaleza  es un aliado en el tratamiento del trastorno por déficit de atención.


Los padres de niños diagnosticados con trastorno por déficit de atención están siempre en la búsqueda de nuevas estrategias que ayuden a sus hijos a sobrellevar sus dificultades. Investigaciones recientes señalan que el contacto directo con la naturaleza puede ser un factor de gran ayuda.

Evidencia empírica: una caminata por el parque

Un estudio realizado por la Universidad de Illinois encontró evidencia del papel que el entorno físico tiene sobre la capacidad de concentración. Se evaluó a 17 niños diagnosticados con trastorno por déficit de atención e hiperactividad para determinar qué efecto tenía sobre ellos el contacto con un entorno natural. Los niños participaron en tres caminatas de 20 minutos: una en una urbanización, otra en el centro de la ciudad y otra, finalmente, en un parque.

Al finalizar cada caminata, se aplicó a los niños una prueba de atención y concentración en la que se les solicitaba recitar al revés una serie de números. El evaluador no sabía en qué caminata había participado cada niño.

El estudio, publicado en el Journal of Attention Disorders), señala con contundencia que los niños que mostraron una mejor capacidad de concentración habían participado en las caminatas por el parque.

Aunque se trata de una investigación pequeña, los datos encontrados concuerdan con investigaciones anteriores que apuntan a que el contacto con entornos naturales influye positivamente sobre la salud emocional.

El papel del entorno en la atención y conecentración

Desde el Laboratorio de Paisaje y Salud Humana de la citada universidad recalcan que la relevancia del estudio está en aportar evidencia sobre el papel del entorno físico en los procesos de atención y concentración. «No sabemos exactamente cuál elemento ha sido el determinante: el parque en sí mismo, el verdor, la ausencia de edificios…pero está claro que todo esto parece incidir positivamente sobre los procesos de atención y concentración”, indican.

La investigación empleó un control preciso de variables, para tener la seguridad de que las tres caminatas fueran idénticas (a excepción del entorno físico): los acompañantes de los niños, el nivel de ruido, la duración, la hora y la medicación – si era el caso – que cada niño tomaba.

Desde la universidad se señala que, a pesar de haber mantenido todas estas variables estables, se apreció una gran diferencia en el desempeño de las tareas de atención/concentración de los niños que participaron en los tres grupos distintos.

Naturaleza y medicación para el TDA

Con todo esto, se encontró que la “dosis de naturaleza” fue tanto o más eficaz que una dosis de medicación. Lo que no quedó claro es cuánto tiempo puede llegar a durar este efecto positivo sobre la atención y concentración de los participantes. Con ello, si bien está claro que la exposición a espacios verdes ofrece un claro beneficio, la investigación científica aún no ha avanzado lo suficiente como para plantear a los padres un tratamiento claro y sistematizado del trastorno por déficit de atención.

Los investigadores señalan: “No podemos decir a ciencia cierta que dos horas de juego al aire libre generarán un mejor desempeño, pero creemos que merece la pena intentarlo. Tenemos la intuición de que sólo 20 minutos de tiempo verde y de exposición al aire libre podrían ser de muchísima ayuda”.

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